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Grandes genios que fracasaron en el colegio

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Por Patricia Jaraquides
Twitter: @poppyalbussac
Colaboradora de Aula de los recursos


¿Cuántos alumnos hemos visto a lo largo de nuestra vida que, por más que estudien, acaban suspendiendo? Esos alumnos que se esfuerzan y que, al mismo tiempo, están garabateando el cuaderno mirando por la ventana. O apuntando ideas para una novela o una canción. Estos alumnos, normalmente, terminan fracasando en los estudios por falta de motivación. No logran aprobar los exámenes porque su mente está muy alejada del aula. Les cuesta mucho estudiar y concentrarse. Sin embargo, estos estudiantes son unos visionarios: van por delante del resto.

Albert Einstein es un claro ejemplo de dichos alumnos. No aprendió a hablar hasta los cuatro años, tenía grandes dificultades para el aprendizaje y en el colegio sus profesores lo calificaron como un niño lento y muy soñador. Este chico no llegará a ningún sitio”, afirmó uno de sus profesores. Y este pequeño soñador fue, y sigue siendo, el mayor científico del siglo XX.

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“La motivación del docente es más importante que la del alumno”

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El catedrático Pedro Sáenz-López, director del curso Motivar en las Aulas

El catedrático Pedro Sáenz-López Buñuel apuesta por herramientas de desarrollo emocional en la formación de los profesores

Es más imprescindible la motivación del docente que la del alumno. Porque el docente es un generador de emociones y dinámicas. Un docente motivado es una pieza fundamental en las reglas de la enseñanza. Así lo creen los expertos que estos días se reúnen en La Rábida dentro de los cursos de verano de la Universidad Internacional de Andalucía. Los neurólogos acaban de descubrir la neurona espejo, que camaleonizan al ser humano con el entorno.

Pedro Sáenz-López Buñuel es catedrático de Ciencias de la Educación de la Universidad de Huelva y director del curso ‘Motivar en las aulas’, y se pregunta qué significado tiene todo esto en el campo de la educación. Su respuesta es sencilla: «Un docente sonriente puede crear alumnos sonrientes. Un docente apasionado tiene más probabilidad de crear alumnos apasionados. Y todo lo contrario: Imaginemos a un docente aburrido o que no le guste lo que hace. Dudo mucho que despierte algo útil en sus tutelados», asegura. Sigue leyendo